La infanta Pilar de Borbón protagonizaba
este miércoles 15 de febrero un bochornoso episodio ante los medios de
comunicación, que volvía a traer a la memoria el célebre ¿Por qué no te
callas", espetado en su día por el monarca español al presidente
venezolano Hugo Chávez. Como se recordará, esta
tabernaria frase se la dirigió el Rey al mandatario extranjero, en
la Cumbre Iberoamericana celebrada en 2007 en Santiago de Chile, al no
poder resistir que Chávez denunciara públicamente el apoyo prestado por el gobierno de José María Aznar al golpe de Estado que
había sufrido seis años atrás. Con la
capacidad para contraargumentar muy seriamente afectada por décadas de
servilismo cortesano y siglos de endogamia, Juan Carlos de Borbón no encontró
mejor manera de defender el celtibérico orgullo patrio que sacar a relucir
la sustancia autoritaria de la realeza,
oportunamente oculta tras su imagen mediática de cercanía y afabilidad.
En esta ocasión ha sido su hermana, la que - preguntada sobre el procedimiento judicial abierto contra Iñaki Urdangarín- ha perdido los papeles y la serenidad. El incidente tuvo lugar durante la inauguración en Sevilla de un "rastrillo" caritativo de "Nuevo Futuro", similar a los que antaño solía presidir la esposa del viejo dictador, Carmen Polo. En este acto - al que acudieron también la consejera para la Igualdad y Bienestar de Andalucía, el alcalde de la ciudad el arzobispo de Sevilla y la presidenta de la ONG destinada a reconfortar las conciencias de las "gentes de bien" - la infanta no pudo tolerar las preguntas de la prensa y estalló en un rapto de aristocrática ira.
"¡Nadie es culpable hasta que los jueces lo digan -respondió defendiendo con vehemencia a su pariente político el Duque de Palma -. Mientras, a callar!".
Si se concede crédito a sus palabras, Pilar de Borbón habría preferido mirar hacia otro lado para no conocer los pormenores de la escandalosa trama en la que aparece implicado Urdangarín. Y es que, para la Duquesa de Badajoz "toda la polémica" en torno al caso aireado por la prensa "la han generado los programas del corazón".
Los nervios justificados de la familia real
Es más que probable, en cualquier caso, que
la reacción de la hermana del rey no se debiera exclusivamente a la prepotencia
de quienes no están acostumbrados a tener que responder por ninguno de sus
actos. No es arriesgado aventurar que la duquesa pudo perder los estribos como
resultado de la tensión acumulada en los últimos tiempos por la sucesión de
noticias que cuestionan, radicalmente, la versión oficial sobre el papel desempeñado
por la Institución monárquica en la historia contemporánea de España. Hace
escasas semanas, en efecto, y en medio del revuelo provocado por la información
conocida sobre los negocios de Iñaki Urdangarín, la revista alemana Der Spiegel hacía saltar por los aires
uno de los principales mitos de La Transición y sobre los presuntos méritos del
rey Juan Carlos. Añadiendo así mucha y
contundente leña al fuego de la indignación popular.
El conocido semanario publicaba documentos desclasificados del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, en los que el embajador de ese país en España en 1981 explicaba cuál fue la reacción del monarca frente a los golpistas del 23F. Según Lothar Lahn -que así se llamaba el ya fallecido diplomático - Juan Carlos de Borbón mostró por los golpistas "comprensión, cuando no simpatía". En una conversación confidencial le confesó igualmente que, tal y como él lo veía, los jefes de la intentona militar "sólo pretendían lo que todos deseábamos, la reinstauración de la disciplina, el orden, la seguridad y la tranquilidad". Por último, quien durante todos estos años han presentado a varias generaciones de españoles como el personaje providencial que "nos devolvió la democracia" y más tarde nos defendió valientemente del "peligro de involución", manifestó al embajador germano su disposición para influir en el Gobierno y en los tribunales, con la intención de evitar la aplicación de un castigo severo a los golpistas, ya que -según él- éstos "sólo pretendían lo mejor".
Con estas subversivas noticias saliendo a la luz y la población española cada día menos dispuesta -según las encuestas del CIS – a sostener una institución medieval reinstaurada por Franco, no es extraño que hasta una anciana duquesa pueda perder su aristocrática flema para mandarnos a callar.
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