La multinacional Repsol YPF tiene todo listo para desembarcar en Canarias y comenzar labores de exploración-prospección petrolífera frente a las costas de Lanzarote y Fuerteventura. Según se conocía este martes 24 de enero, la empresa está solamente a la espera de una concesión administrativa que le permita iniciar estas prospecciones.
El proyecto de la petrolera para Canarias comenzó a abrirse paso en 2001, cuando el ejecutivo de José María Aznar, con el apoyo de CC, le concedió unos permisos que posteriormente anularía parcialmente el TS por un "defecto de forma". Pero durante estos años la multinacional -denunciada por delitos ecológicos y violación de DD.HH. en diversos países- no ha cejado jamás en su empeño. Sus "gestiones" se dirigieron primero al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero. Reaccionando a las peticiones de Repsol, Los dirigentes de este partido no tardaron en abandonar el rechazo frontal al proyecto, útil para la caza de votos en fechas electorales, para intentar vender a la población que lo fundamental era garantizar una explotación petrolífera "no contaminante". Algunos prohombres del Partido Socialista en Canarias, como Jerónimo Saavedra, incluso llegaron a manifestar a la prensa que "si tenemos riqueza debajo de la costa, por qué vamos a decir que no se saque gas o petróleo". Los planes de Repsol, sin embargo, se han visto definitivamente impulsados con la victoria de Mariano Rajoy en los comicios generales del pasado 20 de noviembre. El propio Rajoy ya había encargado un informe a las FAES, el think tank que preside José María Aznar, sobre política energética, en el que se apoya la búsqueda de hidrocarburos en el Archipiélago para combatir la dependencia energética. Inmediatamente después de tomar posesión como ministro de Industria, Energía y Turismo, el líder de los ultraderechistas canarios, José Manuel Soria, adelantaba su intención de propiciar que esta búsqueda se pusiese en marcha lo antes posible. Este martes, Soria añadía que su Ministerio ya ha iniciado un estudio para determinar si es viable comenzar las prospecciones, si bien el ministro apostillaba que “no se hará” sin el consenso del Gobierno autónomo y los cabildos de Fuerteventura y Lanzarote.
¿QUIÉN SE BENEFICIARÍA REALMENTE DE LA EXTRACCIÓN DE PETRÓLEO?
Para intentar vencer las numerosas resistencias que actualmente existen al proyecto de Repsol YPF, sus defensores no dudan a la hora de utilizar las más burdas falacias. “En qué lugar del mundo se tiene una riqueza como ésta y no se explota” – aseguraba a una emisora local de grancanaria este martes el presidente del CCN Ignacio González. González apuntaba, igualmente, que en una conversación reciente con José Manuel Soria ambos habían coincidido en la importancia que tendría para Canarias, especialmente afectada por la Crisis económica, disponer de estos importantes recursos.
De esta forma, el político-empresario trataba de sacar provecho del desconocimiento de un sector de la población que podría llegar a creer que, como en el célebre film Gigante, el descubrimiento del oro negroconvertiría a todos los canarios en nuevos ricos. La realidad, por supuesto, nada tiene que ver con este interesado artificio argumental. De acuerdo a los cálculos realizados por la compañía petrolera tras sus primeras prospecciones, si se cumplieran sus expectativas Repsol podría llegar a extraer unos mil millones de barriles de crudo en 20 años. Lo que, según los precios del años 2008, supondrían más de 126.000 millones de dólares de beneficio para la multinacional. Y no, obviamente, para los habitantes del Archipiélago. De estos multimillonarios ingresos, la transnacional sólo tendría que pagar al Estado alrededor de un 5%, cuya finalidad tampoco podría ser controlada democráticamente para asegurar que revirtiesen en beneficio de la mayoría de la población.
LAS SECUELAS ECONÓMICAS, SANITARIAS Y ECOLÓGICAS DEL PROYECTO DE REPSOL
Pero si solamente los accionistas de Repsol YPF se beneficiarían de la apropiación de los posibles recursos petrolíferos que pudieran albergar las aguas canarias las secuelas ecológicas, económicas y sobre la salud humana de la actividad extractiva sí quedarían en el Archipiélago. En cada una de las fases del proceso de explotación petrolífera -y aunque no se produzca ningún accidente - se generan gases y subproductos que, al igual que el crudo, son altamente contaminantes.
Tras la fase de perforación, por ejemplo, son arrojadas al mar cantidades ingentes de metales pesados y tóxicos -como el Cadmio, el Arsénico, el Cobre o el Mercurio-. Se sabe que la vida desaparece completamente en un radio de 500 metros alrededor del pozo de extracción. Estos minerales son difundidos rápida y profusamente por las corrientes marinas, y sus efectos pueden alcanzar un área de entre 10 y 100 Km2 y persistir durante un mínimo de 9 años. A la difusión de éstas y otras sustancias contaminantes hay que añadir los vertidos y escapes de crudo que tienen lugar de manera constante en todos los pozos de extracción. La contaminación marina por hidrocarburos se produce tanto de manera accidental como intencionalmente, por descargas voluntarias y por el lavado de los buques cisterna. Los vertidos de petróleo no solo ocasionan la muerte de una gran cantidad de especies marinas. El petróleo que cubre la superficie del mar también actúa interrumpiendo la llegada de los rayos solares a los fondos y, por tanto, impidiendo la fotosíntesis del fitoplancton; organismos vegetales microscópicos que constituyen el primer eslabón de la cadena alimenticia de los ecosistemas oceánicos. De esta forma, se pone en peligro el conjunto de la vida marina. Muchos de los hidrocarburos presentes en el crudo, además, son altamente tóxicos para los seres humanos, y pueden provocar cánceres de piel, de pulmón, neumonía, daños renales y hepáticos, descalcificación ósea, etc.
Por otra parte, los macro accidentes en industrias de estas características constituyen un peligro siempre presente. Existe un largo historial de siniestros en este tipo de explotaciones.Huelga decir que un accidente de grandes magnitudes en el marco geográfico en el que Repsol pretende desarrollar sus actividades tendría consecuencias devastadoras para Canarias, toda vez que el Archipiélago cuenta con apenas 2 Km. de barreras para proteger sus costas y no existe ningún barco con la capacidad suficiente para absorber un posible vertido de crudo.
A su terrible impacto sobre la biodiversidad del territorio es preciso añadir, por tanto, las consecuencias económicas que tendría para Canarias la explotación de Repsol. Los recursos pesqueros de la zona se verían gravemente afectados y la pesca de altura y de otras especies de fondo podría llegar a desaparecer. Pero es el sector turístico, del que el Archipiélago tiene una absoluta dependencia, el que en primer término sufriría las consecuencias. En el 2001, la decisión del Ejecutivo de José María Aznar de conceder los permisos a Repsol bastó para que los turoperadores amenazaran con desviar a sus clientes hacia otros destinos. Y es que no debería resultar difícil comprender que una costa cubierta de alquitrán no es, precisamente, lo que esperan encontrar los millones de turistas de sol y playa que visitan las Islas anualmente.
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