La década de los 80 se caracteriza en el mundo occidental por el inicio cronológico del retroceso en las conquistas sociales obtenidas por el movimiento obrero a lo largo de 60 años. La dinámica del desarrollo capitalista, tanto en Gran Bretaña como en los Estados Unidos, exigía a las clases dominantes despejar de su camino los obstáculos que pudieran impedir su arrolladora evolución. El sindicato de minero era uno de esos obstáculos.
La década de los 80 marca en el mundo occidental el inicio cronológico del retroceso en las conquistas sociales obtenidas por el movimiento obrero a lo largo de los 60 años. . Durante esta década, sin embargo, se desarrollaron
intensos conflictos laborales en la siderurgia, en la industria del automóvil, en los astilleros y en el sector aereo. Preciso es tener en cuenta también que esa década coincide con la aparición tanto en el seno del movimiento obrero como de las organizaciones políticas de izquierda, de las corrientes ideológicas eurocomunistas y de la conciliación de clases. Por su parte, la socialdemocracia se aleja durante este período de la línea de reformas que la había caracterizado en la inmediata posguerra mundial. Los socialdemócratas europeos se posicionan cada vez más claramente en la línea de la defensa abierta de los intereses del gran capital. Son los años de influencia de Willy Brant, los Felipe Gonzalez y los Bettino Craxi...
LA HUELGA DE LOS MINEROS
La huelga de los mineros británicos de 1984 -1985 es posiblemente el conflicto social de mayor envergadura que se ha producido en la Gran Bretaña después de la Segunda Guerra Mundial. La confrontación que se produjo entre capital y trabajo en esos años en el Reino Unido, por su duración e impacto social, no ha encontrado ninguna réplica, transcurridas ya más de tres décadas de aquellos acontecimientos.
Si bien el conflicto de los mineros británicos tiene aspectos coincidentes con el de los controladores aéreos en los Estados Unidos, duramente reprimido este último por Ronald Reagan en 1981, la huelga de los mineros continúa simbolizando aún hoy la estrepitosa derrota de la clase trabajadora frente a la aparición de la corriente denominada neoliberalismo, una nueva fase del desarrollo capitalista.. Durante 12 largos meses, la clausura de las minas de carbón situó, frente a frente, a la organización obrera más poderosa del país y a un gobierno ultraconservador decidido a abrir, costara lo que costara, las esclusas que permitieran el libre desarrollo del sistema económico capitalista.
UNA CRUENTA BATALLA
Para la derrota del movimiento de los mineros, el gobierno de Margaret Thatcher no dudó en utilizar a un cuerpo de policía militarizado que ocupara las minas de hulla y destruyera los piquetes de obreros huelguistas. Durante esa batalla cruenta, unas 20,000 personas fueron heridas y 11,000 detenidas. De estas últimas 200 terminarían cumpliendo penas de prisión. Seis obreros integrantes de los piquetes de huelga murieron en el curso de las confrontaciones. Tres jóvenes adolescentes perdieron su vida cuando intentaban extraer clandestinamente, durante el invierno, carbón de las minas clausuradas. Los servicios policiales persiguieron y cercaron de manera sistemática a los más destacados dirigentes sindicales. La gran prensa emprendió una gigantesca campaña destinada a manchar con el descrédito la figura del dirigente minero Arthur Scargill. Todo el aparato publicitario de los grandes medios de comunicación no se arredró a la hora de presentar la huelga de los mineros ante la ciudadanía como una insurrección política antidemocrática.
DESPLIEGUE DEL APARATO COERCITIVO DEL SISTEMA
En la defensa de los intereses del gran capital, no sólo se pusieron en marcha los mecanismos represivos en manos del poder ejecutivo. Como correspondía, el poder judicial desempeñó el papel que el sistema le ha otorgado. La justicia declaró ilegal la huelga y, simultáneamente, resolvió disolver la Unión Nacional de Mineros (NUM), el poderoso sindicato obrero que históricamente ha agrupado a los mineros británicos.
¿Por qué las clases hegemónicas británicas se jugaron tanto en esta cruenta batalla? ¿Qué factores influyeron en que los acontecimientos se desarrollaran de esta forma? A principios de la década de los 80 la economía del Reino Unido se caracterizaba por un relativo declive económico y un enorme descontento social. La dinámica de desarrollo capitalista tanto en la Gran Bretaña como en los Estados Unidos exigía despejar de su camino los obstáculos que pudieran impedir su arrolladora evolución, cuyas consecuencias
dramáticas empezamos a conocer hoy. el sindicato de mineros era un baluarte que se hacía preciso destruir. Nigel Lawson, el ministro de Hacienda de Margaret Thatcher, no tuvo pelos en la lengua al manifestar que la liquidación de la Unión Nacional de Mineros debía constituir una prioridad como en su día lo había sido “rearmarse contra la amenaza de Hitler en los años 1930”.
Ante esa voluntad ofensiva de las clases sociales hegemónicas británicas ¿tenía sentido la resistencia obrera? La respuesta a esa pregunta la proporcionó años más tarde la propia Margaret Thatcher. Según admitió públicamente la líder conservadora tiempo después, "faltó muy poco para que el gobierno se derrumbara completamente".
La realidad es que el triunfo de la llamada "dama de acero" sobre los mineros británicos, cuyas repercusiones no han dejado aun hoy de sentirse, no fue como lo han presentado los medios convencionales y los films elaborados al respecto. La Thatcher contó con determinados protagonistas que muchos ingenuos esperaban encontrar junto a los mineros. La dirección del Partido Laborista abandonó a la Unión Nacional de Mineros a su suerte, cumpliendo con ello, una vez más,con el papel que el sistema le ha conferido a la socialdemocracia. (1)
Sin embargo,, los huelguistas no estuvieron solos. Recibieron el apoyo de millones de simpatizantes. En solidaridad con ellos se desencadenaría una gigantesca campaña de acciones solidarias , tanto dentro de la Gran Bretaña como a lo ancho de todo el mundo.
La acción de los huelguistas no les permitió obtener ninguna conquista. El sector energético británico se privatizó, precediendo al final del movimiento. La derrota minera supuso el debilitamiento de la acción sindical en su conjuntoy el crecimiento brutal de las desigualdades sociales y económicas en la Gran Bretaña. A partir de entonces "el nuevo laborismo" escogió los senderos que terminarían conduciendo a la aparición en su seno de personajes tan pintorescos como Tony Blair, plenamente decididos a servir de manera eficiente a los intereses de las multinacionales, o de ilusiones ideologicas tan peregrinas como las de la "tercera via" de Tony Giddens.
Treinta años después de aquellos acontecimientos, la clase obrera y las organizaciones de izquierda todavía pueden obtener valiosas lecciones de aquellas memorables secuencias históricas, tanto en Europa como en Canarias.
Notas:
(1) Documentos desclasificados en el Reino Unido, al cabo de un proceso de 5 años, prueban la existencia de un plan preventivo de la primer ministro británica Margaret Thatcher para acabar con las huelgas de mineros en
1984-1985.
Previendo la reacción popular ante el cierre de las minas de carbón, la jefa del gobierno británico había obtenido, 6 meses antes y en el marco de un consejo restringido, la adopción de un plan que preveía: 1) la constitución de reservas de carbón, 2) la construcción de líneas de alta tensión hacia Francia y la adopción de un acuerdo con la empresa francesa EDF (Electricité de France) para hacer frente al desabastecimiento de carbón en las centrales eléctricas británicas, 3) modificaciones de la legislación británica que permitían penalizar a los mineros en huelga, esencialmente en materia de ejecución de préstamos inmobiliarios.
Lo más sorprendente es que se frustró un intento de transferencia bancaria internacional cuando Moscú trató de enviar fondos a los sindicatos que, ya exhaustos, no podían seguir asumiendo las necesidades de los huelguistas.
Al ser informada al respecto, Thatcher se puso en contacto con Mijail Gorbatchov, en aquel entonces adjunto a Konstantin Chernenko, y lo convenció de que renunciara a la realización de aquella operación amenazándolo con la adopción de represalias en el plano diplomático.