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Sobre las revelaciones de la crisis de gobierno
CUBA, FORTALEZAS Y DEBILIDADES DE UNA REVOLUCIÓN
Octavio Hernández  - Canarias-semanal.com
 
Los artículos sobre el debate interno del Partido Comunista Cubano acerca de las destituciones de Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, y de personas de su círculo, tienen varias lecturas de urgencia. En cuanto a las lecturas desde este lado del Atlántico, hay que celebrar la poca capacidad de penetración que tiene el CNI en Cuba, hasta cierto punto sorprendente en un país de habla hispana con el que ha mantenido relaciones históricas profundas. El CNI no parece funcionar bien por sus propios medios, si no es en colaboración tecnológica y con padrinazgo de la CIA u otros servicios de la constelación de inteligencia de la OTAN (como ocurre en el caso de ETA). La implicación de esto es que la política internacional española está subordinada, no puede ser independiente al no contar con un sistema de inteligencia capaz y plenamente autónomo en un mundo en el que la independencia y soberanía de un país se mide por su control en exclusiva de la información crítica o vital para sus propios intereses. Idea reafirmada sensu contrario por el éxito de la inteligencia cubana al deshacer las operaciones especiales del CNI cerca de la cúpula del PCC.
 
       En relación con esto, otra lectura es el papel que desempeñan El Mundo y El País como medios informativos que participan, sin tapujos, en el diseño de inteligencia del CNI. En un momento de crisis del CNI por las deliciosas revelaciones sobre el imbécil que Zapatero puso a dirigir La Casa, se filtran oportunamente informaciones que revelan las labores de espionaje durante el mandato del susodicho idiota. La "prensa libre" no tiene como fuente a los servicios secretos, sino que hoy forma parte de ellos, como demuestran varios documentos de la OTAN acerca de los condicionamientos en el tratamiento y difusión de información en las países que formen parte de la estructura militar. Periódicos como El Mundo y El País son la quintaesencia de la prostitución informativa al mejor postor, que es casi siempre el Estado y, en el caso español, ya hemos dicho, supone la subordinación a otras estructuras estatales y paraestatales del imperialismo global en el que desea escalar puestos acercándose al patrón norteamericano.

         Pero vayamos ahora con las lecturas para Cuba de lo que ha trascendido. En primer lugar, cabe la satisfacción de ver descrita en detalle cómo funciona la democracia socialista y el centralismo democrático en el PCC y en el Estado, sin pluralismo de partidos debido al acoso exterior. Nunca se resaltará poco que es extremadamente difícil construir y gestionar una democracia cuando la opción que el imperialismo da a los comunistas es abrir el sistema político de representación y ser inmediatamente derrocados y anulado todo el edificio de la revolución socialista, o cerrarlo y ser eternamente condenados por "totalitarios" por la propaganda imperialista. Obvio es que la democracia socialista en Cuba es deficitaria por su propia naturaleza de "estado de guerra" necesariamente centralizado (modelo, dicho sea de paso, sensiblemente mejor en todos los aspectos que el adoptado por las democracias occidentales en circunstancias similares de agresión exterior), pero más allá de las polarizaciones entre castristas y anticastristas, en el fiel de la balanza pesan más los méritos contraidos al haber sido capaces de aguantar en Cuba una presión constante, terrible, que no aguantaron los comunistas en ningún otro país del mundo ni, desde luego, en Europa o España.

          Es insólito leer en
El País y en El Mundo cómo se traslada la información de las deliberaciones secretas del caso a las bases comunistas, en un proceso de explicación ordenado y hasta natural que demuestra la fuerza de la ligazón popular del sistema político cubano, pues esas bases son, al fin y al cabo, gente de la calle, que luego traslada lo que sabe al resto de la población (así es como dicen haberse enterado los diarios españoles). La imagen que surge de estas revelaciones no es, desde luego, la de una cúpula burocrática minoritaria y aislada del resto del pueblo, ajena al debate y la discusión propios de la democracia. En la democracia española todavía hoy se especula sobre qué ocurrió el 23 de febrero de 1981, casi tres décadas después. Aquí sólo las altas instancias saben con seguridad qué ocurrió de verdad con las complicidades e implicaciones de casi todos los dirigentes de la elite política de la monarquía parlamentaria en aquella desestabilización autoinducida.

        Pero también hay lecturas de las sombras que trasladan las revelaciones. Llamo la atención sobre la afirmación vertida en
El País de que el representante económico del Gobierno español-vasco, Conrado Hernández, "también logró que Lage le apoyara para desviar un río y que pasara por su finca de Matanzas". La frase merece ser deconstruida porque la prebenda conseguida de Lage no está en relación con la "deslealtad" del alto cargo cubano, sino que el confidente del CNI "logró que Lage le apoyara", ¡para desviar un río! ¡con la intención de que pasara por su finca particular! Salvando que a lo mejor el río es riachuelo o simple arroyo, alguien podría evocar el desvío de los ríos del mar de Aral a las plantaciones algodoneras en tiempos de la URSS, pero sería exagerado e inapropiado. Más cercanos son los debates sobre los "trasvases" de ríos y cuencas hidrográficas en la península Ibérica de nuestros días, donde intereses de capitalistas privados agrarios y turísticos se mezclan con las necesidades de agua potable. Pero para quienes defienden los valores de la resistencia institucionalizada en el Estado cubano, si esto que describe El País es posible en ese sistema político, parece evidente que nos hallamos ante los vicios, y no ante las virtudes, del socialismo centralizado. A cobijo del parapeto institucional y burocrático socialista en Cuba caben grandes arbitrariedades, fallos, que no pueden ni deben justificarse con el argumento de que sean males necesarios en defensa de la soberanía del país. Es la otra cara de lo que explicábamos antes respecto a la naturaleza de "estado de guerra" del socialismo en Cuba. Es realmente difícil de gestionar, se presta no sólo a ser diezmado desde el exterior, sino también minado en el interior. Dicho con una metáfora, si Fidel Castro tiene un mérito por el que será recordado históricamente, es por su habilidad para haber timoneado las instituciones socialistas en mitad de la tormenta entre aquellas olas y estas rompientes.

         En relación con esto, otra de las sombras se nos presenta con la descripción de las fiestas en las que se bromea sobre la longevidad de los "dirigentes históricos". La condición de "gerontocracias" configuradas como autocracias no electivas es una crítica tradicional contra los estados socialistas surgidos de las guerras y revoluciones del siglo XX. Bien es verdad que en España tenemos autócratas electivos, como
Fraga Iribarne, como cientos de caciques gerontócratas en municipios, diputaciones y Cabildos. Es más ¡aquí se considera un signo de democracia no limitar por ley los mandatos! Aclarado esto, sería una majadería intolerable no admitir la realidad desde un punto de vista socialista. No se compadece con nuestra sensibilidad democrática intentar justificarlo. La caída en desgracia de Roque y Lage, dos "viejos jóvenes" a los que se atribuía un aura de "sucesores" al frente del PCC y del Estado, plantea de manera rotunda un problema práctico y su envés teorico: cómo consolidar una sociedad socialista más allá del acto revolucionario fundacional, cómo renovar la dirección del proceso revolucionario en una sociedad socialista de forma normalizada y democrática sin que la ausencia de los "dirigentes históricos" en el liderazgo o el ejercicio del poder provoque la autodestrucción del edificio socialista y la restauración totalitaria del capitalismo (no olvidemos que en el socialismo existe capitalismo y en el capitalismo de estado existen clases sociales y lucha de clases).

        ¿Cómo hacer que los elementos circunstanciales, históricos, del acto fundacional de la revolución, no se confundan y suplanten de hecho la consolidación, al margen de sus fundadores, de las conquistas de la revolución? Gran pregunta y mayor dilema teórico que el siglo XX no respondió. De nuevo, nunca sabremos cuánto agradecer a Cuba y sus dirigentes su aportación, para bien y para mal en este delicado asunto, al socialismo del siglo XXI. Es un problema real. El "estado de guerra" antiimperialista institucionalizado por el Estado socialista cubano en defensa de la propia libertad de ser socialistas en un mundo que todavía es dolorosamente capitalista, y de la propia soberanía imprescindible para poder seguir siéndolo a pesar de la constante injerencia y perversa fiscalización extranjera, eterniza el papel centralizado y único del partido comunista organizado para consolidar y defender la revolución. Pero esta circunstancia ha eternizado también en el poder a quienes hicieron la revolución y organizaron el partido y el Estado. Podemos hacer una prospección teórica y reflexionar acerca de si el
ALBA, al crear un entorno socialista con distintas soberanías, aportará en el siglo XXI la prueba de que la gerontocracia y la eternización en el poder de los dirigentes históricos no es consustancial al sistema político socialista, sino circunstancial, o que el centralismo democrático de partido único es un sistema ligado a condiciones de supervivencia autodefensiva de la soberanía en las circunstancias de la amenaza imperialista, y por lo tanto en una situación distinta de paz y superación del riesgo de injerencia o intervención, y del bloqueo exterior, veremos ensayos de democracias pluralistas y multipartidistas bajo el socialismo que muestren más despersonalización y menos perpetuación en el poder de "grandes hombres" (o mujeres), como ya se apunta en los países del ALBA en distinto grado, sobre todo en Venezuela. No es ajena al debate acerca de cómo asegurar que el proceso revolucionario no es revertido y liquidado por el imperialismo, la discusión sobre las reformas constitucionales ligadas a la continuidad presidencial. Pero es interesante comprobar cómo en Venezuela el socialismo se ha institucionalizado y constitucionalizado sin sustituir, por ahora, la democracia burguesa y los principios básicos del liberalismo burgués por un sistema de partido único y centralismo democrático como en Cuba.

         No menos importante es recordar que en el caso cubano pesa mucho el origen histórico del modelo, por la herencia del neocolonialismo norteamericano de la que se partía inmediatamente antes de la revolución, parecida a la de adecos y copeianos en el caso venezolano, sobre la que se edificó un modelo socialista de estado en lo político y capitalista de estado en lo económico guiado por la influencia de la URSS y la G
uerra Fría. Ese origen ahora no juega ningún papel ni como modelo ni como influencia en Venezuela, pero transmite su genética a partir de la experiencia cubana. Ahora el socialismo del siglo XXI depende de sí mismo, de la soberanía de cada país, y no de una "patria socialista" social-imperialista, pero a la vez se toma de Cuba lo que antes Cuba tomó de la URSS. Cuba aclimató al Caribe y América Latina un modelo eurasiático de socialismo en el siglo XX, que ahora se despliega por el continente de manera autónoma e independiente de sus orígenes en el siglo XXI.

        En definitiva, las revelaciones sobre la destitución de
Carlos Lage, Felipe Pérez Roque y otros, arrojan un balance de luces y sombras que debemos seguir con interés y crítica constructiva en defensa, y no en detrimento, del socialismo y la soberanía que pertenecen, por derecho propio, al pueblo cubano que los hizo suyos en medio de un admirable tesón revolucionario y los ha mantenido a pesar de todos los pesares y de los peores augurios. Por último, no me voy a privar de decir que debemos mucho a Fidel y Raúl Castro haber contribuido decisivamente a arrostrar todos los riesgos, derrotar todas las injerencias, afrontar todos los vicios y asumir los errores en la construcción, ya histórica, del socialismo en Cuba, al margen de los matices o desacuerdos que siempre ha de mantener con los pies en la tierra de la adecuada mesura, comparación y respeto alguien que vive en una colonia del estado español (Canarias), que es como decir, una subcolonia de Estados Unidos.

 
 
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