Con el PSUV se ha buscado -escribe FREDY. J. MELO desde Venezuela - crear un partido no sectario, democrático profundo, crítico y autocrítico, parte orgánica del pueblo y cuyos cuadros sean guías y educadores de éste que a su vez se orienten y eduquen con él.
Con el PSUV se ha buscado crear un partido no sectario, democrático profundo, crítico y autocrítico, parte orgánica del pueblo y cuyos cuadros sean guías y educadores de éste que a su vez se orienten y eduquen con él, y los primeros en la acción, el trabajo y el estudio, con el fin de dar ejemplo y estimular, no con el de escalar posiciones, que sólo deben ocupar si así lo decide su base de adscripción.
Un partido como ése, y no menos que como ése, es necesario para potenciar la acción del liderazgo e impulsar la unidad, organización y conciencia del pueblo en pro del logro de su misión histórica. Recordemos el objetivo esencial: conquistar la mayor suma de felicidad posible; y reafirmemos la conciencia de lo que esa aspiración nos exige: realizar la liberación nacional, para ser dueños de nuestro destino como país, y la liberación social, para serlo de nuestras propias vidas. Una y otra son consustanciales, no pueden realizarse por separado, e implican enfrentar y vencer al enemigo histórico, el bloque de poder imperialista-oligárquico, lo cual requiere a su vez forjar las armas de la unidad interna del pueblo, con sus clases y capas progresistas nucleadas alrededor de la clase obrera, y de la unidad continental bolivariana, para tornar invulnerables las victorias.
En ese empeño nos encontramos, pero las dificultades son inmensas y no pocos los tropiezos. Como referencia, es imprescindible superar las expresiones de corrupción, burocratismo e ineficiencia y los enclaves reformistas existentes. ¿Cuánto hemos avanzado hacia ese partido necesario?
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