"No
es nada personal, sólo negocios".
Con esta célebre frase de El Padrino de Francis Ford Coppola se podría resumir la
escenificación que en los últimos tiempos han realizado los representantes de
la patronal grancanaria y del Gobierno regional, a cuenta de la reclamación de los primeros de obtener absoluta carta blanca
para convertir definitivamente el territorio en su "mina"
particular.
Del mismo modo que sucede en otros espacios teatrales -como el Parlamento español o las cámaras autonómicas- en estos rifi rafes mediáticos cada cual debe representar su papel, pero una vez que cae el telón los "contendientes" comparten copa, puro, confidencias y, sobre todo, proyectos comunes. Aunque, eso sí, teniendo siempre claro quién es el que manda. Y ya que esto no se le ha olvidado en ningún momento al Ejecutivo de CC y PSOE tampoco había ninguna razón para que el tradicional cóctel que ofrece en las fechas navideñas el lobby empresarial a políticos y medios del establishment transcurriera este año en un tono menos jovial que en anteriores ediciones.
El evento se celebró en el Auditorio
Alfredo Krauss, a cuyas puertas quedó inmortalizado el entrañable encuentro del
Consejero de Medioambiente del Ejecutivo, Domingo Berriel y el presidente de la
Confederación Canaria de Empresarios Sebastián Grisaleña. Quién podría recordar
que hasta unos días antes Berriel había
sido objeto de las duras críticas de los "emprendedores"
grancanarios, por su presunto ¡ultraproteccionismo del territorio!,
contemplando la acaramelada imagen que regalaron político y empresario. En la
instantánea, que puede ver el lector, Berrriel y Grisaleña se dirigen miradas
cómplices - vaya usted a saber de qué - y
abiertas sonrisas, al tiempo que parecen querer sellar su contacto
físico con un profundo y tierno abrazo.
A su lado, comparten el momento, con inocultable aire servil, María del
Mar Julios (CC) y el psocialista Arcadio Díaz Tejera. Un ambicioso senador que
ha visto frustradas sus ansias de trepador e intenta agarrarse a sus últimas
opciones de medro compaginando los cócteles matutinos con la alta burguesía con
visitas nocturnas a los locales alternativos de la progresía capitalina. ![[Img #3280]](upload/img/periodico/img_3280.jpg)
Ya en los salones dispuestos para el convite institucional, la prensa oficial del movimiento -empresarial, se entiende - retrató al presidente Paulino Rivero con algunos de los más representativos jefazos de la patronal. No faltó, por supuesto, la foto de rigor con Grisaleña, acompañado para la ocasión por el Secretario General de la CCE José Cristóbal García. Rivero también estrecho, como a un hermano recién llegado de las Américas, a Juan Padrón, concesionario del lujoso Hotel Santa Catalina Pero la imagen que alcanza casi el nivel de un sublime "poema" gráfico es la que aparece presidente del Ejecutivo con los hermanos Andrés y José Abraham Domínguez. Con las expresivas miradas de quienes estuvieran a punto a perder la paciencia, ambos empresarios podrían perfectamente estar reclamando a Rivero, como regalo navideño, la ansiada aprobación del Centro Comercial que están empeñados en construir en el municipio de Gáldar. No es difícil, en efecto imaginar, la petición: "Paulino, qué hay de lo nuestro. Mira que no estamos dispuestos a esperar".
Pero aunque el encuentro sirviera para
que cada empresario hablase una vez más de "lo suyo" con el presidente
y el resto de políticos con cargo en plaza, tampoco podía faltar el solemne
llamamiento corporativo. Éste corrió a cargo, como era de esperar, de Sebastián
Grisaleña, quien con un vibrante discurso "retó al presidente Rivero a
que cumpla su compromiso de desbloquear las inversiones y agilizar los
trámites".
En un rapto de recién descubierto nacionalismo el presidente de la patronal exclamó
"Déjennos invertir en nuestra tierra. Déjennos crear riqueza y empleo".
Crecido por la absoluta falta de respuesta social a las pretensiones
empresariales, Grisaleña se permitió incluso lanza severas críticas a la
Administración pública por su "competencia desleal al seguir creando
empleo durante la crisis", defender la "ética y los valores" de los
empresarios y la nueva reforma laborar en ciernes. Reservó un momento de su
intervención, igualmente, para echar mano de su recurrido victimismo,
asegurando que "los empresarios lo
estamos pasando mal, con muchas preocupaciones y quebraderos de cabeza".
Finalizó, sin embargo, alabando el
mencionado compromiso. "Le tomo la palabra, señor presidente" -
concluyó Grisaleña, ante el alborozo indisimulado de sus asociados y los encendidos aplausos de
sus representantes institucionales.
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