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Lunes, 21 de mayo de 2012
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Domingo, 7 de noviembre de 2010

Desnudos ante el espejo del Sáhara

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     Miles de hombres, mujeres, ancianos y niños sitiados en un campamento por fuerzas  militares que tratan de impedirles el acceso a alimentos, agua y medicinas.  Un adolescente de 15 años asesinado a tiros y sepultado sin el consentimiento sus padres para evitar así cualquier tipo de investigación. 

 

    Otros cinco heridos ametrallados, golpizas indiscriminadas, torturas…Todo ello tiene lugar abiertamente, a escasas millas de las costas canarias, y con la complicidad de los socios europeos del Reino de Marruecos.  En presencia de las fuerzas de la ONU y con declaraciones como las de la ministra de Asuntos Exteriores del Gobierno español Trinidad Jiménez, quien defendió que Marruecos pretende “mantener el diálogo con los acampados para evitar un estallido de violencia” y evitó condenar el asesinato del joven Nayen Elgarhi.

 

     La acción cívica del pueblo saharaui ha servido para retratar, sin máscaras, a los autoproclamados defensores de los derechos humanos.  Para poner de manifiesto, una vez más, que la ocupación marroquí del Sáhara Occidental y la represión sistemática necesaria para mantenerla son posibles gracias al interesado apoyo que las potencias occidentales prestan a la dictadura feudal.  El sostén que gobiernos como el de Rodríguez Zapatero ofrecen al sojuzgamiento de los saharauis, no obstante, sitúa también ante el mismo espejo al grupo de defensores “vergonzantes” del PSOE – bien nutrido en nuestras capas medias- que acciona en el ámbito de la izquierda real.  Pues, ¿acaso no participan de la criminal connivencia quienes en cada cita electoral sustituyen sus denuncias por un pragmático cálculo del que queda excluida su aparente solidaridad?  ¿Es posible estar al tiempo - como pretenden estos “progresistas” - con las víctimas y con los cómplices de sus verdugos?  Fuera de sus fronteras, la tragedia del Sáhara muestra hipocresías, revela disfraces y desautoriza un buen número de discursos “humanitarios”.  Con toda la crudeza del sufrimiento y la muerte, expone a la luz, en suma, la miseria moral que alimenta los propósitos y la impunidad de los victimarios.

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