Tener el valor de mirar la realidad tal cual es, como gustaba aconsejar al vigente filósofo y científico social de Tréveris, se antoja hoy más necesario que nunca. Jamás el autoengaño sirvió de base para propiciar alguna transformación social progresiva, pero seguir confundiendo los deseos con lo que verdaderamente hay en medio de la crisis global del capitalismo solo puede contribuir a la consecución de nuevas -y catastróficas- derrotas de las clases populares. En el estado español, y más aún en Canarias, ejercer este coraje exige reconocer la distancia que existe actualmente entre la magnitud de los ataques que los gestores políticos del Capital están infligiendo a la mayoría de la población y la escasa capacidad de respuesta de las organizaciones que aún no se han resignado a que éste sea, definitivamente, el lúgubre final de la Historia.
Un somero vistazo a los países del entorno europeo basta para establecer comparaciones que exigen profunda reflexión. En Grecia, Francia y, más recientemente, en Irlanda, Italia o Gran Bretaña se suceden las protestas y los paros nacionales. En el Estado español, mientras, el inmediato regreso a la “paz social” tras la Huelga General del 29S ha dejado vía libre a la aplicación de los planes de ajuste y las contrarreformas impuestas al Ejecutivo Zapatero por los grupos hegemónicos de las finanzas internacionales.
No es diferente el panorama en el Archipiélago canario, donde las reacciones a la aprobación de los presupuestos más antisociales de la historia de la Autonomía no llegan ni siquiera a inquietar a los partidos del establishment isleño. Para los burócratas de los sindicatos mayoritarios realizar lecturas “optimistas” sobre el alcance de estas resistencias a la gestión neoliberal de la Crisis -que ellos mismos tratan de frenar y contener dentro de unos márgenes “razonables”- constituye una necesidad. Se trata, en su caso, de justificar su propio papel de intermediarios con la Patronal y las supuestas virtudes del “diálogo social”. Así como los privilegios de los que gozan por administrar instituciones convertidas en piezas clave para la reproducción del Sistema. Quienes realmente pretenden subvertir desde posiciones de izquierda esta realidad, no obstante, cometen frecuentemente el error de asumir las mismas visiones triunfalistas que, por ilusorias, impiden buscar anclajes y alternativas sólidas sobre los que empezar a construir auténticas soluciones de cambio y de rearme. Abrir los ojos para constatar que en este terreno está aún casi todo por hacer, y que el camino será arduo y complejo, puede resultar ciertamente muy perturbador. Mantenerlos cerrados por más tiempo mientras todo se desmorona a nuestro alrededor, no obstante, resulta simplemente suicida.
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