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Martes, 28 de febrero de 2012

No, señor alcalde: así, no

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Por Nicolás Guerra Aguiar - Canarias Semanal

En la campaña electoral del 2011 -escribe NICOLÁS GUERRA AGUIAR - el candidato del PP al Ayuntamiento madrileño, señor Gallardón, presumió con todo su derecho de que él cumplía con las promesas electorales (...).

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    En la campaña electoral del 2011 el candidato del PP al Ayuntamiento madrileño, señor Gallardón, presumió con todo su derecho de que él cumplía con las promesas electorales. Así, por ejemplo, había prometido la ampliación de la red viaria para bicicletas, y vaya si cumplió: construyó 155 kilómetros de viales ciclistas. Sin embargo, se olvidó de otras nada más llegar al Ministerio de Justicia.
  
     Un antecesor suyo en el cargo, el señor Tierno Galván, dijo que las promesas electorales están para no cumplirlas. Y algunas hechas por anteriores presidentes -señores González, Aznar, Zapatero- llevaron el camino indicado por el Profesor. Así, respectivamente, que España saldría de la OTAN; que desclasificaría los papeles secretos relacionados con los Gal, o que Canarias recibiría once mil millones de euros. Y como no es menos, el actual presidente, señor Rajoy, prometió ayer mismo que no subiría los impuestos, pero nos aumenta la retención en las nóminas. Y esto no es nada para lo que se espera una vez concluyan las elecciones en Asturias y Andalucía: capitalismo puro y duro como el añorado por millones de ciudadanos y que los psocialistas se encargaron de iniciar.
  
    El alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, señor Cardona González, terminó la carrera de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, justo el mismo año en que murió su alcalde, señor Tierno Galván. Quizás, y como no militaba en el PP, vivió muy de cerca la "movida madrileña" de aquellos años universitarios, tan influida por el Profesor. Deduzco, pues, que se dejó seducir en su etapa veinteañera por tal alcalde (desconozco si tuvo alguna actividad política en aquellos años de efervescencias ideológicas) y algo aprendió de él: por ejemplo, el incumplimiento de las promesas electorales.
  
    Sucede que el señor Cardona, hoy alcalde capitalino con absoluta mayoría -por su mérito, sin duda, pero también ayudado por torpezas contrarias- aseguró en la campaña electoral que si era elegido gobernaría con sus concejales exclusivamente, es decir, con aquellas personas a las cuales el pueblo capitalino les diera su absoluta confianza. Pero no se comportó tal como había prometido, o al menos me lo parece en esta primera aproximación. Muy al contrario, el señor Cardona fue a por su quinto director general hace unos días, el cual, por cierto, tampoco salió de entre los dieciséis concejales, sino que nombró a otro no elegido en mayo.
   Así, de entrada, se me ocurren tres razones para entender -que no justificar- su comportamiento. Una -la rechazo por impropia en él-: es el alcalde y hace lo que le da la gana; dos: la cosa está jodida y es preciso echar una mano a los amigotes; tres: sí, tiene dieciséis concejales, pero necesita refuerzos de gente preparada, pues algunos infiltrados figuraron por afinidades políticas, pero no eran los idóneos para cargos de responsabilidad. (Me planteo, inmediatamente, una pregunta: si necesita reforzar su equipo de gobierno -en contra de sus promesas-  con cinco nuevos directores generales, ¿para qué diecisiete concejales con dedicación exclusiva, es decir, con nóminas algo más que prudentes?)
  
    Y así, bóbilis bóbilis, como quien no quiere la cosa, se encuentra el Ayuntamiento capitalino con casi treinta altos responsables de los cuales solo diecisiete son resultado de las urnas. ¿Los restantes? Pues eso, un señor director de gobierno, una señora gerente de Limpieza, otro para Guaguas, cinco directores generales… O lo que es lo mismo, tierno comportamiento el del señor alcalde, clase magistral quizás aprendida en Madrid, incumplimiento de promesas, señor Cardona. Eso está muy feo.
  
    Y tan feo, señor alcalde, como la aparente contradicción con sus palabras (Canarias7 del domingo): "Mi obligación es defender los intereses de la ciudad" frente al "chicharrerismo descarado", que llama usted, y quizás con razón, inclusivimente. Pero debo recordarle que ustedes gobernaron con ellos, y que ejercieron y detentaron poder con ellos. Sin embargo, todos sabemos que el tal comportamiento de ATI no es nuevo, en absoluto: viene de muy atrás, y lo ejercen desde sus inicios. Por tanto, señor Cardona, con todos mis respetos, sea usted prudente con sus observaciones. Porque, ¿es acaso defensa de los intereses municipales la sobrecarga en sueldos de diez o doce personas digitalmente nombradas? Parece, por otra parte, algo ya muy manido, señor alcalde: engolosinar a la población con chicharrerismos para distraerla justo cuando va a nombrar al quinto director general resulta hasta infantil, créame, con mis respetos.
  
    Como feos también, señor alcalde, son los inapropiados adjetivos que la máxima autoridad del municipio usó para dirigirse a la oposición, también representante del pueblo, y a la cual la ciudadanía colocó frente a ustedes porque le quitó el poder. Pero eso, señor alcalde, no autoriza a voces como "fracasados, deslegitimados" o locuciones como "jaula de grillos, nadie los quiere"…
 
    Porque para enfrentarse al contrincante, señor alcalde, la libertad y la inteligencia ponen a su disposición ideas, razonamientos, ingenios, pensamientos, reflexiones… que se hacen con palabras ordenadas, inteligentemente enlazadas… mas educadas, respetuosas, elegantes aunque contundentes, categóricas, convincentes. Para el otro lenguaje, señor alcalde, que no es propio de usted, ya hay especialistas incluso muy cercanos, desagradablemente impactantes a oídos acostumbrados a palabras nobles y elementales.
  
     No tuvo usted mi voto, señor Cardona. Tampoco los psocialistas. Pero defiendo el democrático derecho de toda la oposición -es más, su obligación- a ser rigurosamente crítica con usted como alcalde y con su Gobierno. Un respetito, señor alcalde, si quiere usted ser respetado. Elemental -democráticamente- y distinguido -en lo personal-.


(*) Nicolás Guerra Aguiar es articulista y catedrático de Lengua y Literatura.

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