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Domingo, 12 de febrero de 2012

GARZÓN Y LA TRAMPA DE LA TRANSICIÓN

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Por John Brown - Iohannes Maurus
Je suis la plaie et le couteau !
Je suis le soufflet et la joue !
Je suis les membres et la roue,
Et la victime et le bourreau !
(¡Soy la herida y el cuchillo!
¡Soy la bofetada y la mejilla!
Soy los miembros y la rueda del tormento
y la víctima y el verdugo.)
Charles Baudelaire
L'héautontimorouménos (el verdugo de sí mismo)


         Puede decirse, con la distancia de más de treinta años que hoy nos separa de ella, que la Transición española fue una trampa para las mayorías sociales y para las fuerzas que quisieron sustituir el régimen franquista por una democracia efectiva. Una trampa es, en efecto, un dispositivo en el que es muy fácil entrar y del que resulta difícil o incluso imposible salir. La liga en que se posan los pájaros atraidos por la comida, o la ratonera que [Img #4574]se cierra sobre el ratón que acude al olor del queso son ejemplos comunes de trampas, pero tal vez la mejor trampa es la más sutil, la más ligera y casi inmaterial: la red. Cuando los peces entran en la red, esta los acoge sin violencia: sólo cuando intentan liberarse de ella quedan apresados en las mallas de manera que ya no pueden moverse. Así nos cogió la transición. Lo más fácil para unos movimientos sociales débiles y desorientados y unas direcciones políticas de la izquierda más ambiciosas en lo personal que decentes en lo político era aceptar la oferta del régimen: legitimación de las estructuras y cargos fundamentales del Estado del 18 de julio y de su continuidad legal a cambio de una transformación interna de éste que diese un lugar a las direcciones de los partidos y sindicatos de la oposición dentro de un marco de poder ampliado. Inicialmente el coste de eta opción no parecía excesivo. A pesar de los centenares de muertos y los miles de heridos en manifestaciones en el quinquenio posterior a la muerte de Franco y de las acciones armadas de ETA, la transición hacia un régimen de libertades controladas fue relativamente "pacífica" si se compara con la caida del Shah en Irán o la de Somoza en Nicaragua. Bastante menos si se toma como punto de comparación la revolución portuguesa que sí representó una auténtica ruptura con el régimen anterior y que se realizó sin muertes (salvo la de un agente de la PIDE que se suicidó). Todo es relativo.



UNA PARTITOCRACIA MONÁRQUICA


        El régimen se convirtió así, por un lado en una partitocracia en la que la vida parlamentaria está secuestrada por las direcciones de los partidos políticos que hicieron la transición y en una "democracia antiterrorista" que mantiene, renovándolo, el conjunto de los cuerpos represivos y de las leyes y tribunales de excepción de la fase anterior. La excusa ideal para mantener este aparato fue la -a menudo brutal y políticamente absurda- lucha armada de ETA, pero la legislación de excepción y sus instancias judiciales podían utilizarse también en cualquier momento contra cualquier ciudadano. Las clases dominantes españolas que en algún momento llegaron a concebir temor por la "incertidumbre" de la transición podían dormir tranquilas: allí estaba el rey que puso Franco, alli estaba su fiel Fraga Iribarne, allí estaban la policía y el ejército de la dictadura intactos, allí estaba también la pieza más sensible del aparato judicial, el Tribunal de Orden Público sucesor del Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo y denominado ahora Audiencia Nacional. El poder social pertenecía a los de siempre con el añadido de algunos advenedizos que hicieron fortuna con la transición. A los de siempre vinieron a juntarse los "para siempre", uniendo íntimamente sus intereses a los del régimen.



        En cuanto a la monstruosa represión franquista, rayana en el genocidio en sus primeros años y mantenida como signo de identidad a través de un largo rosario de asesinatos legales (Grimau, Puig Antich, los cinco de 1975 etc.) y de actos sistemáticos de tortura tuvo que desaparecer de la memoria oficial. Toda responsabilidad quedó borrada por la ley de amnistía. A cambio, otros personajes como Santiago Carrillo no tendrían que dar cuenta ante la justicia de sus responsabilidades en crímenes de guerra y, en concreto, en el asesinato masivo de presos del bando franquista en Paracuellos del Jarama que Paul Preston ha documentado en un libro reciente. El holocausto español del que habla Preston quedó así saldado y se fortaleció el mito de que los centenares de miles de muertos eran el resultado del encono y el odio propios de una guerra civil en la que "ambos bandos fueron igualmente responsables". Esta versión ha quedado enteramente demolida por los más recientes trabajos de historiadores del período que han demostrado con abundante documentación que, si bien la violencia del lado republicano obedecía a los "excesos" propios de una guerra civil, las matanzas franquistas formaban parte de un plan de exterminio premeditado. El exterminio franquista de los "rojos" era, en efecto, como demuestra Gustau Nerín en La guerra que vino de África una matanza colonial operada por el ejército africanista y sus oficiales sobre unos españoles republicanos que los oficiales de Franco llegaron a denominar "los moros del norte". El abandono de la memoria histórica a los vencedores del 39 fue también una de las gravísimas concesiones efectuadas por la izquierda mayoritaria en la transición.



        La trampa de la Transición surtió sus primeros efectos en los pactos de la Moncloa en los que las direcciones sindicales y políticas de la izquierda decidieron "luchar contra la inflación" conteniendo el aumento de los salarios que trajo consigo la libertad sindical. La misma trampa volvió a capturar los cuerpos y las mentes de la población, cuando, el 23 de febrero de 1981, apoyaron a un rey que, como mínimo vio con simpatía el intento de golpe de Estado, como salvador de la "democracia".Tras un golpe no tan fallido y que había sido precedido por la defenestración de un Adolfo Suárez que se había tomado demasiado en serio la democratización del país, el PSOE aplicó en buena parte el programa de los golpistas frenando el desarrollo autonómico, organizando una respuesta legal e ilegal contundente frente a las acciones de ETA y poniendo en marcha la contrarrevolución neoliberal. La política, que parecía haber ganado un cierto espacio en los primeros años de la transición se vio engullida por una gestión partitocrática y esencialmente bipartidista del régimen (transfranquista y capitalista) que consiguió su objetivo: mantener a raya a la población.



GARZÓN Y LA TRAMPA



      El juez Baltasar Garzón que hoy juzga el Tribunal Supremo por varios presuntos delitos de prevaricación fue uno de los máximos paladines de la democracia antiterrorista. Sus diversos sumarios contra ETA, pero también contra el independentismo político vasco cimentaron su carrera de juez. En estos sumarios, el "juez estrella" se tomó, al amparo de las leyes de excepción y de cierto consenso público antiterrorista, todas las libertades posibles en cuanto a conculcación del derecho de defensa y en cuanto al uso "creativo" de los tipos delictivos. El resultado es la presencia, aún hoy en las cárceles españolas de varios centenares de presos políticos vascos que nunca tuvieron que ver con la preparación de ningún atentado y cumplen condena debido a la aplicación de leyes de excepción que establecen antijurídicamente una analogía entre los atentados y otras conductas con idénticos fines políticos. La aplicación de la "analogía" al derecho penal por parte de Garzón y sus colegas de la Audiencia Nacional viola los principios básicos de todo ordenamiento jurídico liberal. Rara vez en un régimen que se denomina "democrático" se ha hecho un uso tan extenso de la amalgama en materia de derecho penal como el que hizo Baltasar Garzón con su famosa teoría del "entorno". En cuanto a las alegaciones de tortura de muchos de sus encausados, jamás se dignó Garzón a investigarlas seriamente.



       Este juez desmesuradamente politizado, pretendió convertirse en defensor de la democracia contra las dictaduras encausando al viejo dictador chileno Augusto Pinochet por delitos de genocidio. La cosa tenía algo de humor involuntario, pues el juez que perseguía al dictador chileno autor de la muerte de 3000 de sus ciudadanos era el representante de la continuidad legal e institucional de un régimen que había exterminado fríamente en sus momentos fundacionales a más de 300.000 ciudadanos y había acogido con todos los honores al mismo Pinochet cuando éste acudió al funeral del general Franco. La causa contra Pinochet no siguió adelante, en parte por defectos del sumario, pero también por las presiones políticas internacionales, y el sanguinario "Tata" pudo morir en su país y en su cama. Tras hacerse famoso gracias a la causa contra Pinochet, Garzón siguió persiguiendo a integrantes de la izquierda abertzale y de otros sectores de la izquierda radical , cerrando periódicos, prohibiendo organizaciones políticas y culturales, etc. en nombre de la defensa del Estado de derecho. La incoación por parte de Garzón de un sumario sobre las matanzas y desapariciones del franquismo parecía confirmar su toma de partido contra todas las dictaduras y en favor de la democracia. Muchas esperanzas de familiares de desaparecidos y asesinados se depositaron en él. Tras instruir un primer sumario con excelente documentación aportada por prestigiosos historiadores, abandonó sin embargo el caso al no considerarlo competencia de la Audiencia Nacional. Esto no impidió al pseudosindicato "Manos Limpias" y a Falange española acusar a Garzón de prevaricación por haber aceptado la causa. Investigar los crímenes del franquismo no tendría sentido según estos grupos derechistas, pues los crímenes ya habrían prescrito y Garzón sólo habría aceptado instruir este sumario por razones políticas.



        Hoy, el Tribunal Supremo ha juzgado a Baltasar Garzón por otra causa: las escuchas de Gürtel. En flagrante violación del derecho de defensa, Garzón habría ordenado que se escucharan algunas de las conversaciones de los acusados en el sumario Gürtel con sus abogados. Esto, es una práctica ordinaria cuando se trata de la izquierda abertzale, pero si se aplican los mismos métodos a los poderosos, a personas que tienen relaciones directas con el PP y, de forma más indirecta, con la familia real, los poderosos encausados encausan al juez. Se ha visto exactamente lo mismo en el caso del yerno del rey, Iñaki Urdangarín, contra cuyo juez se ha abierto recientemente una investigación. En el caso de las escuchas de Gürtel, Garzón ya ha sido condenado a 11 años de inhabilitación. Grande ha sido el revuelo en la izquierda oficial. Ciertamente, sorprende que el primer condenado del caso Gürtel sea el propio juez, pero esta condena, perfectamente justificada, debe servir para compensar un fallo más "clemente" en la causa relativa a los crímenes del franquismo, en la cual una condena excesivamente supondría un auténtico escándalo internacional nocivo para la imagen del régimen.



        En cualquier caso, es un buen ejemplo de cómo funciona la trampa de la Transición la imagen de los dirigentes de izquierda y de una parte de la población de izquierda apoyando a Baltasar Garzón con consignas y canciones como "Yo estoy con Garzón". Como si la causa de este burócrata judicial del propio régimen pudiera tener alguna conexión con la justicia que reclaman los familiares de centenares de miles de víctimas. Las manifestaciones en torno a este muy mediático juicio son una buena ocasión para promover la causa de la verdad histórica en un sistema político basado en la "negación" de un genocidio, pero todo apoyo a Garzón como paladín de la verdad y la justicia es peligroso. Cada vez que se apoya al juez que elaboró la doctrina del "entorno" se apoya al conjunto de instituciones y normas que se edificaron sobre las cunetas rellenas de cadáveres y sobre la cancelación de su memoria. Apoyar a Garzón es incluir toda política en el régimen, no salir de un sistema que no puede hacer justicia ni al pasado ni al presente, renunciar a romper con el régimen de las cunetas. Las dos Españas existen, pero hoy por hoy, la otra, la democrática que no se atreve a ser republicana, está presa en la trampa de la transición: cuando más se esfuerza por salir de la red, más se ve atrapada en ella. Para salir de esta trampa hay que colocarse fuera de ella negando toda legitimidad al régimen criminal del 18 de julio: hace falta para ello otro 14 de abril, seguido de un largo y potente 15M.
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9 Comentarios
Casas Viejas
Fecha: Jueves, 16 de febrero de 2012 a las 14:30
El problema de fondo no es Garzón,ni jaguar de Ana Mato,ni la gasolinera de Pepiño Negro,ni los 1.700 imputados cantando por peteneras. Ni siquiera los 250.000 liberados sindicales movilizados para ganar en Andalucia. El problema se encuentra en el empate técnico entre políticos y jueces.El prestigio del político español es de auténtica naúsea. Otro tanto ocurre con la justicia.Pero vamos a ver, hace un cuarto de siglo el ilustre jerezano Pedro Pacheco dijo lo que dijo y aquí no pasa nada. Esa frase, despues de lo de Garzón, el Rafita, El Bigotes y otros hay que terminarla así: "En España la justicia es un cachondeo con recochineo".Y en ese plan.Ninguno.
Félix Adargoma
Fecha: Jueves, 16 de febrero de 2012 a las 07:53
josemari: de la guerra civil no es que haya que olvidarse, sinno lo contrario, hay que transmitiserla a las nuevas generaciones que no la conocen ni por los libros ni por edad. La guerra cil formó parate de la lucha de clases, provocada por el fascismo.militarista español, apoyado por los nazis y los fascistas italianos. Otra cosa es que debemos emplar toda nuestras energias como militantes en organizar a las clases trabajadoras, hacerles tomar conciencia de clase, para luchar contra la podredumbre de este sistema capitalista neo liberal puro y duro, contra las politicas antisociales del partido de la derecha económica, el Partido Popular, y contra el robo de las propiedad pública: dinero y otras cosas, además de luchar para que se eliminen los paraísos fiscales y se devuelvan a las arcas públicas en dinero evadido a dichos paraísos, que tal el volumen que daría para solucionar todos los problemas sociales de este país: desempleo, sanidad publica educación, puestos de trabajo, etc.
josemari
Fecha: Miércoles, 15 de febrero de 2012 a las 19:30
creo que ya va siendo hora de que nos olvidemos de una puñetera vez de una guerra que termino hace mas de 70 años, lo que hace falta en este pais es que al politico de turno que robe, a prisión y devuelva lo robado ,sea de izquierdas ó de derechas,joder ya está bien que todos quieren ser politicos para llenarse los bolsillos.
Félix Adargoma
Fecha: Miércoles, 15 de febrero de 2012 a las 13:55
¿Cómo puñetas, y de qué manera, puedo explicar que no se ha apoyado al Garzón como juez ni como persona, y que lo que se ha apoyado es la postura y la decisión que ha tenido el juez Garzón en el caso de la condena al franquismo, la memoria histórica y la búsqueda de los restos de los desaparecidos, y lo de la trama Gürtel? Es que hay algunos izquierdistas que no saben distinguir las lentejas de los garbanzos, ni las lechugas de las coles…, pues para ellos todo vale para un potaje….
Alberto
Fecha: Martes, 14 de febrero de 2012 a las 00:41
Bien, pues con todos los respetos doy mi opinión. Yo creo que a Garzón se le puede apoyar por ignorancia o por deformación moral. Lo que mueve a la mayoría de la gente es lo primero. Sencillamente no conocen quien es el personaje y se dejan llevar con toda la buena fe por la ola que han creado los medios de comunicación cercanos al PSOE. Lo han planteado de manera que quien va las manis piensa que está defendiendo la libertad y la democracia. Un absoluto disparate Pero ese no es el caso de los dirigentes de "izquierda" que encabezan las manifestaciones de apoyo al juez. Éstos sí saben todo lo que ha hecho Garzón, que no es solamente, amiga Ana, lo que pone en este artículo. Éstos, que nunca dijeron ni mú para defender a las víctimas del juez, sí que tienen una responsabilidad.
Félix Adargoma
Fecha: Lunes, 13 de febrero de 2012 a las 22:12
Para ANA. A veces, los intransigentes de la izquierda coinciden con los intransigentes de la derecha, pues los dos hacen de sus dogmátismos, fuera de contextos, un arma arrojadiza contra el desarrollo de las contradicciones en esta sociedad clasista. Cren a pies juntillas que las personas son "estáticas" como estatuas, y que las sociedades de ahora son las mismas que las del franquismo o de las de la transición de 1977-1978
Ana
Fecha: Lunes, 13 de febrero de 2012 a las 15:24
Si dice cosas que, la verdad, yo no conocia. Como para reflexionar sobre el asunto. De todas formas no tengo del todo claro lo de que ocasionalmente no se pueda coincidir con un juez como Garzon, sin olvidar tampoco todo lo negativo de su trayectoria. Pero lo que no comparto en absoluto son las faltas de respeto a quienes opinan diferente. Guste o no guste lo que dice el articulista hay que respetar. Si no, nos ponemos a la altura de los intransigentes de la derecha.
Jose A.
Fecha: Lunes, 13 de febrero de 2012 a las 12:42
Un artículo muy bien argumentado y bastante contundente. Me alegra ver que también fuera de España hay quienes tienen claridad sobre lo que sucede aquí. No sé, supongo que con el tiempo, si conseguimos avanzar algo en nuestras reclamaciones de Verdad, Justicia y Reclamación, en este caso sobre todo de "Verdad", cada cual acabará quedando en el sitio que le corresponde.
Félix Adargoma
Fecha: Lunes, 13 de febrero de 2012 a las 07:59
Los hay que se hacen llamar de izquierdas y no tienen memoria histórica, objetiva, del proceso de la transición política a la muerte del dictador F.Franco. Los hay que saben que a la muerte de "Pancho", el ejército, la policia, la Guardia Civil y la gran mayoría de la derecha y toda la extrema derecha estaba porque no se modificara lo esencial del régimen policiaco-militar de la dictadura. Sabe también que durante cuarenta años, incluidos los de la guerra civil, el fascismo español se dedicó a LIMPIAR toda desidencia republicana y de izquierdas, y tambien de derechas que cuestionaran el régimen. Saben que la izquierda era una minoría entre el pueblo. Y ahorase ponen de "nostálgicos" de lo que "pudo haber sido y no fue". El izquierdismo verbalista es demasiado pál cuerpo, cristianito...
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