La jerarquía católica española,
evidentemente preocupada por la dura situación que atraviesa el país, parece
haber dado un paso más en su probado compromiso con cristianos, agnósticos y
ateos. Respondiendo a las necesidades de nuestros días, los
pastores no se
limitan ya a dictar cuál es la recta moral que deben seguir por igual su
obediente rebaño y las ovejas
descarriadas - con comprensibles bulas,
eso sí, para sacerdotes pederastas, ricos miembros del Opus Dei y otras gentes
de bien-.
Como no sólo de Espíritu vive el hombre, el arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, parece haber iniciado lo que podría considerarse como un cursillo rápido de "Economía neoliberal para salir de la Crisis" que, a tenor de su contenido, bien podría haber sido impartido en la Fundación FAES. En su homilía del pasado domingo -ofrecida en presencia del alcalde granadino José Torres Hurtado (PP) y otros miembros de la corporación municipal – Martínez expuso su receta, efectuando una singular mezcla de teología y economía. "La crisis, con todo el dolor que implica -afirmó - es un reto y una invitación para todo cristiano". Sin solución de continuidad, el purpurado amonestó al pueblo español que -dijo- tiene "cultura de subsidiado". Para el arzobispo, es preciso "cambiar esa mentalidad de ser un pueblo que siempre busca que otros solucionen el problema, que alguien abra una empresa para que yo pueda encontrar trabajo".
Acto seguido, el ministro de Dios realizó una apología de la "cultura de los emprendedores" y - en un rapto de iluminación que lo acercó peligrosamente a la Ética protestante de Max Weber - defendió que el "cambio de mentalidad tiene que ver con la fe". “Hay quienes esperan encontrar un empleo, como si los trabajos estuvieran ahí siempre en los supermercados" -sentenció severamente-. El espejo en el que el que - según el religioso - deberían mirarse los españoles para superar su celtibérica falta de audacia empresarial es, como no, el de los Estados Unidos de Norteamérica. "En EEUU - valoró el arzobispo - el 90% de los que han fracasado en una empresa antes de un año han montado otra y aquí el 70% de los que han fracasado buscan otra actividad".
Fue en este momento de su exposición
cuando Francisco Javier Martínez alertó
sobre el
"mal" que - de
acuerdo a sus concepciones- estaría corroyendo
las posibilidades de progreso económico en el Estado español. "Hice alguna encuesta cuando estaba
empezando a ser obispo - aseguró a su piadoso auditorio- y un porcentaje muy alto, cercano al 80% de
los chicos, buscaban ser funcionarios".
"Eso -concluyó solemnemente
- es una enfermedad social".
Desconocemos si, para dar muestras de coherencia liberal, el prelado propondrá en próximas ediciones de su cursillo económico acelerado que los miembros de la jerarquía eclesiástica laboren a partir de ahora con contratos temporales de tres meses de duración, evitando así que el "mal social" de la seguridad en el trabajo continúe instalado en la santa Casa de Pedro. O, tal vez, que la continuidad de los curas en la Iglesia esté supeditada a aumentos de su "productividad", medida por el número de nuevas almas conquistadas por el sacramento del bautismo.
Tampoco aclaró el arzobispo si explicará a sus discípulos cómo es capaz de obrar el milagro de compatibilizar la ortodoxia neoliberal de la "austeridad" presupuestaria con el aumento de la deuda, de 1,2 a 28 millones de euros, experimentado en su Diócesis desde que él se puso al frente de la misma.
Pero lo que sí parece fuera de toda duda es que Francisco Javier Martínez volverá a ofrecernos nuevos y jugosos titulares. Otra cosa no puede esperarse de quien llegó a comparar la reforma de la Ley del Aborto con el régimen de Hitler, y se atrevió a asegurar – sin que nadie lo llevara ante los juzgados por ello- que la mujer que aborta da a los varones "la licencia absoluta, sin límites, de abusar" de su cuerpo.