Ya es noticia trillada. El pasado sábado Alfredo Pérez Rubalcaba se convertía en el nuevo secretario general del PSOE, tras vencer por un estrecho margen a Carme Chacón en el 38º Congreso de los socialistas españoles celebrado en Sevilla. El veterano político obtuvo solamente 22 votos más que la joven aspirante. Un total de 487 - el 51,0% de los emitidos-, frente a los 465 -equivalentes al 48,7%- de Chacón. Posteriormente, Rubalcaba conseguía que su nueva ejecutiva recibiese el respaldo del 80,4% de los delegados.
Nada más conocerse el resultado de la batalla interna por liderar el PSOE las facciones de esa organización que se habían decantado previamente por el ex ministro de Felipe González respiraron aliviadas, sabedoras de que sus poltronas se encontraban a salvo y sus aspiraciones de medro personal absolutamente intactas. Quienes habían optado por Chacón, en cambio, continúan aún a la espera de saber qué grado de credibilidad se puede atribuir a la promesa de Rubalcaba de "no cobrar facturas ni emitir salvoconductos". En Canarias, cabe señalar entre los integrantes del primer grupo al secretario general del PSC José Miguel Pérez. Una victoria de Carme Chacón - apoyada expresamente por su antecesor en el cargo Juan Fernando López Aguilar - amenazaba con mover muchas sillas en la
dirección regional del PSC. ¿Y quién sabe si también la suya? Finalmente, Pérez ha salido airoso de un peligro en el que su conocida habilidad para no mojarse ni bajo el diluvio universal pudo resultar insuficiente.
En los análisis efectuados por los medios de comunicación afines a los socialdemocracia española se pueden apreciar, igualmente, sus preferencias por uno u otro candidato. Así, en la noticia de portada del pasado domingo, "Rubalcaba gana al sprint", el diario Público dejaba ver su frustración por el desenlace de la disputa. "El vértigo pudo más que el deseo de cambio" - comenzaba afirmando el redactor Gonzalo López Alba. Para Público el "cambio" que hubiera supuesto la victoria de Chacón - e impidió el "establishment" encabezado por el mismísimo Felipe González - habría sido una auténtica "revolución". Una revolución, eso sí, bastante descafeinada "tener como líder a una mujer y catalana".
En la misma línea despechada, Ignacio Escolar -ex director del periódico del multimillonario Jaume Roures- se lamentaba amargamente en su habitual columna de opinión porque el PSOE hubiese "optado por aparcar la renovación que prometía Chacón y por replegarse sobre su esencia más pura". Para Escolar, el pasado sábado triunfó "la propuesta lampedusiana: Cambiar el PSOE para seguir siendo el PSOE. Que todo cambie para que no cambie nada".
Pero, ¿qué hubiera cambiado realmente en el PSOE con un triunfo de Carme Chacón? La respuesta a esta interrogante se encuentra tanto en el vacuo discurso de la candidata derrotada como en su trayectoria política. Preguntados el pasado sábado acerca de "por qué apoyaban a Chacón" sus propios partidarios no eran capaces de argüir más razones que "la frescura y el ímpetu de su juventud", identificados por la mercadotecnia electoral de los partidos atrapalotodo con la "renovación". Y no es extraño, desde luego, ya el debate ideológico brilló por su ausencia en el enfrentamiento escenificado entre los dos antiguos compañeros de Ejecutivo. Ambos, perfectos representantes del único proyecto existente en el partido socioliberal español.
Los partidarios "progresistas" de la renovación chaconiana -como Escolar o el secretario general de UGT-Canarias y miembro del PSOE Gustavo Santana - parecen "olvidar" también que la joven candidata fue hasta hace bien poco la ministra de la Guerra del Gobierno Zapatero. De tal forma que la concepción de estos progres sobre los valores de la "izquierda" que
presuntamente representaría "Carme" resulta paradójicamente compatible, por ejemplo, con el envío de tropas a la misión de ocupación de Afganistán. El país asiático donde el ejército de los Estados Unidos y el español hacen tanto por la "democracia" como en su día hicieron en Irak.
Y es que la verdadera aplicación del principio lampedusiano, que describe mejor que ningún otro la historia contemporánea de España, no tiene que ver con la elección de un viejo representante del "aparato del partido", como pretende Ignacio Escolar. El engaño consiste, por el contrario, en hacer creer a los votantes que una cara joven podría modificar en algo sustancial la trayectoria del Partido Socialista Obrero Español. Una de las dos principales organizaciones políticas del Capital en el Estado español, con un proyecto político estructural e inevitablemente ligado a las exigencias de sus auténticos "representados".
El principio lampedusiano lo intentará reeditar una vez más el PSOE en las próximas elecciones generales, con o sin Alfredo Pérez Rubalcaba. Y para sostener la rueda bipartidista constituída para "que nada cambie" contará, sin duda, con la inestimable colaboración de los Escolares y Públicos de turno. El espectáculo de ilusionismo, si la rebelión no lo impide, aún va a continuar.