Una vez más, los pobres rescatan a los ricos. Y como en todas la acciones de este tipo –que se han convertido en norma–, algo hiede de forma insoportable.Los medios de comunicación generalistas nos bombardean en estos últimos días con las noticias y novedades sobre el cese de actividad de la compañía de vuelo Spanair.
Una vez más, los pobres rescatan a los ricos. Y como en todas la acciones de este tipo –que se han convertido en norma–, algo hiede de forma insoportable.
Los medios de comunicación generalistas nos bombardean en estos últimos días con
las noticias y novedades sobre el cese de actividad de la compañía de vuelo Spanair. Desde luego no nos falta información sensacionalista sobre el número de clientes afectados, o la cuantificación de puestos de trabajo directos e indirectos que se verán afectados por el anunciado ERE y el propio cierre. Pero entre todo ese exagerado cúmulo de noticias emitidas bajo el nuevo método “excesivo y confuso”, queda premeditadamente difusa la participación y responsabilidad de los gestores públicos de la Generalititat de Catalunya, máxima accionista y gestora de facto de la compañía aeronáutica.
Los Honorables Montilla, Mas, y demás adláteres, cada uno con respectivo grado de participación, parecen quedar al margen de la noticia excepto por fugaces flashes en forma de susurro o comentario descontextualizado.
No parece que los medios estén por la labor de explicar con claridad, cómo se compró con dinero público una empresa en la ruina (lo de la compra del “euro” fue un insulto). Nadie parece querer hablar de quién fue el visionario que con estos antecedentes apostó por la adquisición, ni por qué se ha seguido inyectando capital público en semejante “negocio”, ni qué intereses había detrás.
Por el contrario, se intenta desviar la atención dirigiéndose informativamente al caso Spanair como si de una empresa típica se tratase. Podemos leer incluso sandeces como esta: “sancionarán a Spanair con 9 millones de euros”. Lo que faltaba, que el pueblo tuviera que re-repagar el descaro y la desvergüenza de sus corruptos o incompetentes gobernantes.
Por cosas como esta, seguro que a pesar del ruido mediático, si hiciéramos una encuesta a pie de calle, muy pocas personas sabrían determinar el grado de implicación de la administración pública catalana en toda esta trama. Parece que esto sea solo una nueva quiebra en época de crisis.
Pero no, no es así. Desgraciadamente la que ha mostrado un absoluto desprecio por sus clientes, abandonándolos a su suerte, y ha dejado sin trabajo a miles de empleados en una situación como la actual, ha sido la Administración pública (propietaria de más del 65% de la compañía entre participación directa e indirecta). Y no, no es lo mismo, porque los ciudadanos esperan otro tipo de comportamiento de aquellos que dicen representarles.
Esta horrenda quimera en la que se ha convertido la democracia cada día produce mayor repulsión.
Iniciativa Debate
1