Definitivamente -escribe NICOLÁS GUERRA AGUIAR - las mujeres no podrán ser sacerdotas en la Iglesia católica española, por más que desde tiempos muy lejanos hacían sustituciones a tiempo parcial mientras los varones iban a la guerra, actividad más propia del hombre por su contextura física y acusada deficiencia mental (...).
Definitivamente, las mujeres no podrán ser sacerdotas en la Iglesia católica española, por más que desde tiempos muy lejanos hacían sustituciones a tiempo parcial mientras los varones iban a la guerra, actividad más propia del hombre por su contextura física y acusada deficiencia mental. Así, en Grecia, Roma, entre los galos -las druidas-, aunque Panorámix sea el único druida con licencia para ejercer como tal miembro de la elevada clase sacerdotal en las historietas de Astérix y Obélix.
Incluso en culturas americanas anteriores a la conquista algunas mujeres actuaban como sacerdotisas, pero por fin llegaron los españoles y pusieron las cosas en su sitio, qué se iban a creer, las mujeres a la cama, a parir castellanitos, que es lo suyo, ¡qué atrevimiento! Y la Castilla de la espada y la cruz, castigo de herejes, emprendió una adelantadora Cruzada contra aquellas perversas y malignas costumbres, pues incluso en las cristianas tierras de los católicos reyes las mujeres estaban crecidas y ejercían de brujas, hechiceras, magas, nigrománticas, y se relacionaban con Belcebú, el Maligno, Satán… Ahí tenemos a la vieja puta Celestina ("que tan puta vieja era tu madre como yo"): conjura al señor de la profundidad infernal para que Calixto pueda encamar a Melibea, efervescencia volcánica con los recatos propios de su estamento social… hasta que se soltó, la muy disparata.
Pero hoy, por suerte, las cosas están bajo control: los hombres, como actores principales en las misas; las mujeres, en los paritorios (o salas de alumbramientos, para no herir susceptibilidades, escrúpulos, sensibles delicadezas). Porque su eminencia el arzobispo de Tarragona, señor Pujol Balcells, acierta con matemático y riguroso razonamiento cuando afirma que las mujeres no pueden ser sacerdotes por la misma razón que él "no puede traer hijos al mundo", aunque sí es cierto que aún está en la edad de escribir a París por su condición viril.
Elemental, que diría Holmes, sobre su imposible traída de hijos; irrebatible, impecable argumentación… en cuanto que para tener hijos naturales son necesarias las relaciones sexuales (o la dación del propio semen para la fertilización del óvulo, lo cual obliga a pecaminosas acciones manuales). Y estas y aquellas están prohibidas por el propio celibato, que impone la castidad o renuncia a placeres carnales. Pero aquello de que el hombre no puede parir es algo relativo: Thomas es un transexual (legalmente, varón) que en 2008 quedó embarazado por la inseminación artificial, se la practicó su mujer.
Y aunque en 2006 ejercían como sacerdotas unas cuatrocientas mujeres en la Iglesia anglicana, Inglaterra, hay más considerandos a favor de la prohibición: si en España -país donde el número de nacimientos decrece- miles de mujeres jóvenes se iniciaran en la Iglesia como sacerdotas, ¿qué pasaría con los nacimientos en cuanto que no podrían ser madres a causa de la impuesta castidad? Otrosí: si las monjas pudieran celebrar misas por accesos a categorías superiores -lo cual implica mayores niveles en las percepciones económicas-, ¿cuántas quedarían como cocineras, limpiadoras o hacedoras de tareas de hogar tras alcanzar sacerdocios, obispados, cardenalatos, papados?
Y doña María Soraya Sáenz de Santamaría, toda una vicepresidenta del Gobierno español de la España que hizo Cruzadas desde la Edad Media hasta casi el XXI, la misma España de Inquisiciones y obispos cardenalicios que acuden a manifestaciones en Madrid en contra de matrimonios homosexuales y abortos (pero nunca contra pedófilos de su misma casa), la muy cabra loca va y se nos casa por lo civil ¡en 2006, cuando gobernaban los otros! Por eso dicen que su eminencia el arzobispo de Valladolid, señor Blázquez, no consideró como idónea a la señora Sáenz de Santamaría para pregonar la entrante Semana Santa dada su condición de mujer en supuesto pecado, no pisó el altar. Y aunque el arzobispado de Valladolid abecea y dice que su titular nunca dijo lo que dicen que dijo sobre tal no idoneidad, lo cierto es que tal mentira se leyó en muchos periódicos.
El periodista de EFE entrevistó a su eminencia en "un encuentro 'off the record'", así lo llamó el arzobispado. Y después escribió mentiras porque su subconsciente, quizás muy machadiano, relacionó la propuesta con aquellos versos del poeta de Sevilla: Gran pagano, / se hizo hermano / de una santa cofradía. / El Jueves Santo salía / llevando un cirio en la mano / -¡aquel trueno-, / vestido de nazareno!
¿Cómo es posible que el periodista le atribuya al señor arzobispo tales palabras de impugnación al nombramiento de la señora vicepresidenta como pregonera? ¡Qué disparate! ¿Cómo va a criticar o rechazar su eminencia comportamientos insignificantes, baladíes, nimios, pecadillos veniales, si se trata del aliado, eso sí, con humanas debilidades? La señora vicepresidenta recibirá el día menos pensado un soplo, un hálito, una llama descendente que posará sus iluminaciones en la cama de aquel matrimonio en pecado y despertará en ambos la vergüenza de acciones incorrectas, de comportamientos corregibles, y los veremos un día entrar bajo palio en la iglesia de San Jerónimo, camino del altar. Después, sustituirán aquel escabroso papel de la boda civil por otro, el de la bendición papal "para curarlos de aquel mal", como cantó Caco Senante años ha. Y volverán las oscuras golondrinas, y concretos presupuestos se descongelarán, ¡vaya por Dios!
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