Durante el curso de los últimos meses, Nicolás Sarkozy ha estado exhibiendo la tasa Tobin -un minúsculo impuesto a las transacciones internacionales - como su promesa electoral más preciada. Pretendía con ello el primer ministro francés ofrecer a su electorado una fachada de político decidido a imponer un cierto límite a las actuaciones
desalmadas de los capitales internacionales. Pues bien, el proyecto del político derechista galo ha quedado hecho añicos. Después de una reunión celebrada la pasada semana con altos representantes de la Banca francesa, Sarkozy se ha visto obligado a dar un tijeretazo a sus veliidades "anticapitalistas", y decir digo donde habia dicho diego
"Una parte de nuestras razones han sido comprendidas" expresaron festivos los acaudalados representantes de la gran banca francesa. Lo que iba a ser una tasa sobre las transacciones financieras se quedará reducido a un simple impuesto bursátil, muy similar al que existe ya en la Gran Bretaña.
Los banqueros pusieron firme a Sarkozy cuando, según la prensa francesa, le amenazaron con trasladar parte de sus actividades económicas a Londres, algo que le hizo estremecer los esfínteres del político francés, obligándole a reducir su propuesta inicial "ad infinitum".
Algo posiblemente similar sucederá con Angela Merkel, la canciller alemana, que había expresado tambien su simpatía por el artilugio "progresista" de su homólogo francés. Ya sus socios liberales en el gobierno le habían expresado su desacuerdo con tal impuesto "revolucionario".
Lo que ha pasado, que no deja de ser sino una pura anécdota, ha servido para aclarar, sin embargo, el aplastante poder de las finanzas sobre los políticos europeos que son incapaces, incluso, de realizar reformas tan raquíticas como la de la aplicación de la conocida Tasa Tobin que con tantas simpatías fue acogida en el ámbito de la "progresía" socialdemócrata y keynesiana europea.
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