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Viernes, 9 de diciembre de 2011

Un juez castellanizado

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Acabo de leer en este periódico - dice NICOLÁS GUERRA AGUIAR - que un juez fue multado por llamar "putas" a las madres solteras, "maricones y mariconas" a contrayentes del mismo sexo, "gentuza" a extranjeros, y otras lindezas.

[Img #3727]      Acabo de leer  en este periódico -impresión digital- que un juez fue multado por llamar "putas" a las madres solteras, "maricones y mariconas" a contrayentes del mismo sexo, "gentuza" a extranjeros, y otras lindezas. Sin embargo, sabemos que nuestra lengua usa la voz "eufemismo" para manifestar 'suave o decorosamente ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante'. Así, por ejemplo, no hay más que prestar atención a los jóvenes que se sientan en Triana frente a un dispensador de colesteroles, diabetes, gorduras y futuras enfermedades cardiovasculares. Mientras reposan las grasas y ceban sus estómagos, comentan sobre las chicas que por allí pasan.
   
    Y como desconocen -¡ay, los profesores de Lengua!- los usos estéticos del lenguaje, sueltan cadenas de palabras que resultan eso, malsonantes. Por ejemplo: si fueran alumnos rigurosamente educados en las figuras literarias, dirían aquello de "¡Qué fermosura de damisela, qué grácil cimbreo, qué echura de amor!". Sin embargo, el más correcto grita estentóreamente, sin gracia, con vulgaridad manifiesta: "¡Chaaacho, qué tía, tú, qué polvo tiene!". Y es que desconocen el eufemismo, la construcción 'hacer el amor', recatadamente impuesta en esta sociedad tan pletórica en pudores, honestidades y decoros.
 
     Pasa lo mismo con la hembra que se prepara para el nacimiento de su vástago. Si es una jirafa, por ejemplo, la susodicha parirá. Pero si es una mujer de nuestra sociedad, dará a luz cual tendido eléctrico de Unelco, aunque hay por medio una preposición que coloca las cosas en su sitio: la central eléctrica dará luz, pero la infanta dará a luz un primoroso niño que hará las alegrías de sus padres y abuelos, aunque no del hermano mayor, ya mosqueado con tanta atención al recién nacido. Porque parir, parir, paren los animales no racionales, digo. Por eso las mujeres en los hospitales acuden a las salas de alumbramiento, no a paritorios, qué soez, qué vulgar, qué falta de ternura los segundos.
   
     Más: eufemísticamente, la descomposición estomacal les produce a los humanos 'evacuaciones de vientre líquidas y frecuentes', lo cual hasta resulta natural toda vez que sirve, como dice la abuelita, "para limpiar por dentro, como los purgantes". Y, por supuesto, tales acuosos y fluidos manantiales tienen un cierto olor o tufillo si no a purezas -tampoco hay que exagerar-, sí a componentes naturales que con un bañito de agua de cilantro y unas gotitas de orientales y sutiles esencias de azahar inmediatamente se evaporan, tal es la civilización. Pero si se trata de alguien que desconoce los estéticos entresijos de la lengua y no sabe eufemismizar, inmediatamente percibiremos procaces vulgaridades, impropias de gente de bien: "¡Chas, tíooo! Menúa cagalera mentró! ¡Me fui to por las patas pabajo! ¡El carsonsillo parecía un chocolatín, un caramelo gigante de aquellos de la vaquita!". ¡Puaf, y cómo jedía, usté! ¡Eché la mascá y to! ¡Tuve que bañarme en espíritu de sal, con eso le digo to!".
   
    A veces se impone el eufemismo, aunque algunos quieren -con todos mis respetos- absoluta fidelidad a la lengua porque son defensores a ultranza de nuestro vocabulario, y desprecian extranjerismos, los arrojan a los infiernos. Porque donde se use la voz maricón con fuerza y énfasis (no siempre se refiere al sexo en nuestro lenguaje cotidiano), que se quiten palabras importadas. Resultan, incluso, manidas, débiles, insignificantes y, además, no tienen resonancias fonéticas, son algo así como un  quiero y no puedo. Porque, vamos a ver: entre ¡gay! y ¡maricón!, ¿no se nota un absoluto dominio enfático y sonoro de la palabra española que, incluso, hasta se acompaña gráficamente con acento en posición final? Sin embargo, ¡qué falta de nacionalsindicalismo, de sentido patrio en lo lingüístico cuando se usa la inglesa!
   
    Desde el punto de vista lingüístico (con todos mis respetos) la voz existe en el DRAE. Y por eso, lingüísticamente, el señor juez del Registro Civil de Murcia acierta si lo que pretende es referirse a quienes, según la Academia, 'practican sodomía'. Y por más que aquella pone como sinónimo la palabra marica, 'hombre afeminado', no siempre es así. Por eso en cuarta acepción usa el significado de 'hombre homosexual'.
 
     Sin embargo, no le embargan al señor juez preocupaciones por el buen uso de la lengua, mas sí el insulto, tal como reconoce con rigor y seriedad el Consejo Superior del Poder Judicial que lo multó con tres mil euros -falta grave- por tales barbaridades, improcedentes sobre todo en un juez pues atentan contra la integridad moral de los señalados, ya que tales matrimonios son legales.
 
   Pero es que en ese rebuscar sin eufemismos, añadió que las funcionarias "se pasaban todo el día tocándose el papo", palabrota que, según el DRAE, es un vulgarismo en cuanto que se refiere a 'la parte externa del aparato genital femenino', y no porque este sea grosero, ordinario o chabacano, sino por la expresión en sí (quizás hubiera cabido, por ejemplo, "pulcro y atildado interés en pulimientos externos por prescripciones del ginecólogo").  
   
    En conclusión: si lo que su señoría pretendió -utopía, quimera- era ganarse el reconocimiento de la Academia por la recuperación de voces que ya casi no se usan, pudo escribir un artículo o, incluso, una tesis doctoral. Y si mujeres solteras que tienen hijos son putas según su señoría, que él las pase rabizas con su condena.


(*) Nicolás Guerra Aguiar es articulista y Catedrático de Lengua y Literatura.

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