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Viernes, 23 de diciembre de 2011

Mí despedida literaria del año 2011

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Por José Salguero Duarte - Canarias Semanal

El 31 de diciembre pasado, es obvio, que fue el último día del año 2011 en España. Y como suele ser tradicional -escribe JOSÉ SALGUERO DUARTE - muchos ciudadanos se echan a la calle al mediodía compartiendo con familiares, amigos y conocidos el vermut, el tapeo típico de cada ciudad o incluso la comida.

[Img #3822]    El 31 de diciembre pasado, es obvio, que fue el último día del año 2011 en España. Y como suele ser tradicional, muchos ciudadanos se echan a la calle al mediodía compartiendo con familiares,  amigos y conocidos el vermut, el tapeo típico de cada ciudad o incluso la comida.

   Servidor de usted, estimado lector, es lo que hizo. Y al llegar a casa sobre las 18:00 horas. Me habían preñado tanto, ciertos temas en las diferentes conversaciones y asuntos que salieron a la luz, hasta el punto, que necesité alumbrar en forma de poema uno de ellos, titulándolo: A ti compañero, el que finalicé de crear a las 19:30 horas, dedicándoselo a la memoria de un hombre bueno, diciendo el poema así:


    

A ti compañero, en esa noche de luna llena,
cuando surcaste en solitario los mares,
desde el puerto de Algeciras hasta el de Villajoyosa.
Navegando al encuentro de tu esposa
que se encontraba gravemente enferma
y vuestros hijos penando de tristeza.

Ruidos de metralletas,
los nacionales acechando,
y los rojos cercados.

Con tal mala fortuna,
que al ser abordado,
fuiste acusado de pasarte
al bando contrario,
siendo hecho preso y enjaulado.

Las olas iban y venían, compañero,
de igual forma que las lágrimas de sus caras,
cuando acudían andando a la cárcel,
vistiendo pantalones cortos
y calzando alpargatas de esparto.

Transcurrían día tras días y noches tras otras,
y ellos esperando ansiosos tu salida.
Alimentándose, con el plato de comida caliente,
que le pasabas desde dentro del presidio,
que cocinabas para los presos.
    
Hasta que por fin le llegó la luz a las tinieblas,
cuando un militar noble y honrado,
se interesó por tu causa,
dejándote en libertad,
al ser aclarada tu noble gesta.

Librándote de ser ajusticiado,
en ese fatídico treinta y seis,
de ruidos de sables y exterminios.


    Una vez, estimado lector, remitido el poema por e-mail a la persona adecuada, me quedé más que satisfecho, porque esa fue mi despedida literaria del pasado año 2011. Iniciando el nuevo con el pie izquierdo.

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